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29 de octubre de 2026

Liga HH: Informe de final del Cisma de Marte - La Caja de Huesos


 "Los sueños del ayer son las realidades del mañana. En el caso de Marte, serán realidades trágicas..."

                                                                             Tecnomaga Koriel Zeth ante la traición de Kelbor-Hal 


Relatamos ya la etapa final de la campaña del Cisma de Marte en la misión Caja de Huesos. Las fuerzas traidoras leales a Kelbor-Hal descendieron a las profundidades del Perditus marciano, para alcanzar la cámara conocida como la Caja de Huesos, donde intentaron aislar a las fuerzas leales que intentaban hacerse con sus secretos tecnológicos y, allí, urdieron un plan maquiavélico contra las fuerzas leales a base de sabotajes y hostigamiento para evitar que pudieran replegarse y huir.

En esas horas tan demenciales, cuando las fuerzas astartes y resto de apoyos imperiales trataban de abrirse paso para huir con información relevante en su lucha contra el architraidor Horus, las fuerzas del autoproclamado Manceps Redentor Supremo, Cráneo, junto a las huestes del Mechanicum Oscuro mostraron una capacidad terrorífica  de combate que sólo los mejores guerreros de la humanidad pudieron afrontar.


Mechanicus traidor y Milicia con Hijos del Emperador traidores vs Caballeros Questoris leales y el Adeptus Custodes

La tecnomaga Koriel ya lo había advertido: los túneles que se circunscribían en los alrededores de la sala sellada conocida como la Caja de Huesos conformaban un laberinto de salas y forjas olvidadas hacía siglos. El polvo y la herrumbre lo cubrían todo. 


Las fuerzas traidoras se apresuraron a urdir una emboscada de proporciones pavorosas, una trampa mortal concebida en las profundidades de la locura y alimentada por los designios más oscuros de la traición. A su servicio marchaban aberraciones mecánicas arrancadas de las peores pesadillas del Inmaterium, horrores de metal y carne profanada, acompañados por las fanáticas huestes de la Legio Publicana, cuya lealtad al demente Cráneo permanecía inquebrantable. Cegado por una insaciable sed de poder, este aspiraba a acumular la fuerza suficiente para enfrentarse algún día al mismísimo Horus Lupercal en términos de igualdad, disputándole el dominio de una galaxia desgarrada por la guerra. Una ambición tan desmesurada lindaba con el delirio, aunque solo era comparable a la astucia con la que Cráneo había logrado atraerse el favor de una delegación de los Hijos del Emperador, puesta bajo el mando del tecnosacerdote Imgrael. Tal alianza, tan improbable como peligrosa, añadía un nuevo filo a las armas de la traición.

Por su parte, las fuerzas del Mechanicum Oscuro, con el temible Salv-0-Dex a la cabeza, una vez consolidado su dominio sobre la zona, se desplegaron con la fría precisión de una máquina de matar. No había lugar para la improvisación ni para el azar en sus cálculos: cada unidad, cada posición y cada línea de tiro obedecían a un único propósito, maximizar la mortandad entre las filas leales. Los terroríficos mirmidones ocuparon posiciones de caza, mientras las cohortes de thallaxii avanzaban por los corredores y túneles abandonados, convirtiendo aquellas entrañas de piedra y metal en un laberinto de muerte. Allí, entre las ruinas de un mundo olvidado, se disponían a cerrar una trampa de fuego cruzado cuya geometría mortal no dejaría a sus presas más salida que una huida desesperada o una muerte atroz.

Y, como si semejante despliegue de horrores no bastara, Cráneo había arrojado a la contienda a una milicia condenada, una horda de hombres consumidos por el fanatismo y trastornados por la visión de grandeza que su lunático señor les había inculcado. Marchaban hacia la batalla con el fervor febril de quienes ya no distinguían entre la gloria y la aniquilación, convencidos de que arrasarían a los leales o perecerían en el intento. Para ellos, la muerte no era una amenaza, sino el precio que debían pagar por la promesa de una eternidad gloriosa. Nada podía apartarlos de aquel destino, pues la visión de Cráneo había devorado cualquier vestigio de cordura, compasión o temor.

A su disposición aguardaban los colosales tanques Baneblade, escuadrones de combate dispuestos para ejecutar maniobras coordinadas y el respaldo de los legionarios Astartes Inductii, guerreros forjados en la urgencia de una guerra que había convertido la lealtad en una sentencia de muerte. Aquellas fuerzas constituían el as que Cráneo había reservado para el momento decisivo, la última pieza de un rompecabezas cuya forma solo existía en su mente febril. Cada movimiento, cada alianza y cada vida sacrificada lo habían conducido hasta aquel instante. Ahora, convencido de hallarse a las puertas de su apoteosis, se disponía a consumar la obra de su ambición y a cimentar definitivamente su poder sobre los cadáveres de sus enemigos.

Porque Cráneo ya no aspiraba simplemente a vencer. Aspiraba a elevarse por encima de todos, a desafiar a los señores de la guerra y a inscribir su nombre en los anales de una galaxia condenada. Y para alcanzar aquella gloria imposible, estaba dispuesto a convertirlo todo en cenizas.






Los leales, habiendo logrado su objetivo de recabar la información vital para regresar al cuartel general de Terra, debían replegarse de manera coordinada con el apoyo de las fuerzas del Adeptus Custodes: fuerzas de combate directo, bípodes de apoyo, tanques aerotransportados que abrirían brecha entre quienes se interpusiesen en su camino, y parte de las legiones de titanes que aún se mantenían fieles, caballeros imperiales de diversa índole y poder destructivo que darían todo su apoyo para lograr la tan ansiada meta final y permitir a los leales alzarse con tan ansiada victoria y decantar el conflicto galáctico que azotaba definitivamente a la humanidad.



Turno 1

Las fuerzas leales iniciaron la batalla avanzando desde el centro de la mesa, con el objetivo de asegurar corredores despejados para sus unidades más lentas y facilitar el despliegue del grueso de sus efectivos. Gracias a la movilidad de la mayoría de sus tropas, capaces de desplazarse por el aire o avanzar con rapidez, pudieron organizarse sin grandes dificultades en dos frentes de ataque contra las posiciones traidoras. No obstante, su capacidad ofensiva durante este primer turno fue limitada por la obligación de efectuar disparos rápidos (Snap Shots), lo que redujo la eficacia de su fuego inicial.

Las fuerzas traidoras, por su parte, adoptaron una disposición orientada a bloquear el avance enemigo y dificultar sus movimientos siempre que fuera posible. Sin embargo, el despliegue presentó importantes dificultades logísticas. La escasa distancia entre ambos ejércitos reducía el margen de maniobra, mientras que la estrechez de la zona de despliegue traidora dificultaba acomodar al elevado número de unidades movilizadas para la batalla. Como consecuencia, los traidores tuvieron que concentrar sus efectivos en un espacio reducido, condicionando su capacidad para establecer una línea defensiva eficaz desde el comienzo del enfrentamiento.





Lo cierto es que ambos bandos afrontábamos el inicio de la partida con cierta tensión, conscientes de que nos encontrábamos ante un enfrentamiento en el que apenas habría margen para rectificar errores. Aunque las listas de ejército eran exigentes y contaban con unidades muy potentes, ninguna de las dos estaba construida en torno a las combinaciones más eficaces disponibles. Aun así, la escasa distancia entre ambos despliegues hacía prever un combate especialmente complicado, en el que cualquier decisión equivocada podía tener consecuencias importantes desde los primeros turnos.

Entre bromas y risas intentábamos rebajar la tensión, pero todos éramos conscientes de la situación: aquello tenía toda la pinta de convertirse en una batalla muy difícil de controlar, y todavía estaba por ver quién sería capaz de sacar mayor partido de sus fuerzas en semejantes condiciones.


"Los generales se lanzan al ruedo: es ahora o nunca"


"Conocerán nuestra furia..."

"...y saborearán su venganza"

El primer turno se saldó con un elevado nivel de destrucción en ambos bandos. Varios Caballeros cayeron bajo el fuego enemigo, mientras los tanques eran reducidos a chatarra entre explosiones y columnas de humo. El estruendo de las armas pesadas se mezcló con los gritos de angustia y desesperación de quienes combatían en primera línea, dejando claro que el enfrentamiento iba a ser especialmente cruento desde sus primeros compases.

En el apartado de objetivos, las fuerzas leales consiguieron el reconocimiento Giant Killer para su Caballero Imperial de clase Átrapos, mientras que ambos bandos lograron anotarse Primera Sangre. Un comienzo demoledor que dejó el enfrentamiento abierto y confirmó que ninguno de los dos ejércitos estaba dispuesto a ceder terreno sin luchar.


"Y en aquellas profundidades industriales, el destino quedó sellado entre los bloques de hormigón y la fría lógica de la máquina"

                                                                                              Sargento Aurelian, en el Callejón de Sangre


Turno 2

Es curioso cómo la historia condena al olvido a miles de generales que precedieron a otros, hombres que dirigieron ejércitos, tomaron decisiones y sacrificaron cuanto tenían en busca de una victoria que, en ocasiones, ni siquiera llegó a llevar sus nombres. Cráneo lo comprendió demasiado tarde. Ni el valor demostrado por sus tropas, ni su determinación, ni el hecho de que ninguno de sus soldados hubiese retrocedido un solo palmo de terreno podían cambiar una verdad tan antigua como la guerra: hay fuerzas contra las que no se puede luchar, por mucho que uno esté dispuesto a entregar la vida en el empeño.

Nadie vio caer al general de la milicia. Nadie presenció una última resistencia digna de ser recordada, ni hubo una muerte gloriosa que mereciera quedar grabada en la memoria de los supervivientes. La confusión era absoluta. A su alrededor se derrumbaban colosales máquinas de guerra, cuyos estruendos sacudían los complejos subterráneos, mientras escenas de una violencia extraordinaria reclamaban toda la atención de quienes aún conservaban la vida. En medio de aquel caos, su final pasó inadvertido, sepultado bajo el estrépito de los combates y la caída de gigantes de acero.

No habría canciones para él, ni crónicas que recogieran sus últimos momentos. Su nombre se desvanecería con el polvo levantado por las explosiones, como el de tantos otros que perecieron en aquellas profundidades sin que nadie llegara a conocer su sacrificio. Su muerte no tendría nada de excepcional. Y quizá esa fuese la parte más cruel de todas: haber luchado hasta el final para terminar convertido en una ausencia que nadie echaría en falta.

Mientras tanto, lejos de semejantes reflexiones, las fuerzas de los Custodios se lanzaron contra el grueso del ejército traidor. Su objetivo era abrirse paso a través de las líneas enemigas y alcanzar una vía de escape hacia el exterior de los complejos subterráneos. No había tiempo para detenerse ni posibilidad de retroceder. Cada metro conquistado los acercaba a la salida, pero también los obligaba a internarse más profundamente en el corazón de la resistencia enemiga. La retirada había comenzado, y los Custodios tendrían que abrirse camino a sangre y fuego si querían sobrevivir para abandonar aquellas profundidades.




Durante este turno, las bajas entre las fuerzas de milicia fueron numerosas, hasta el punto de que el propio general cayó en combate, concediendo al enemigo el objetivo de Warlord tras acabar con ese comandante. La resistencia de sus tropas comenzó a desmoronarse ante la presión del avance leal, aunque no todos los efectivos cedieron con la misma facilidad.

Mención aparte merecen los demonios brutos, aquellas extrañas criaturas mecánicas de color blanco, que demostraron una resistencia muy superior a la esperada y soportaron una cantidad considerable de castigo antes de sucumbir. Sin embargo, por mucho que lograran prolongar su resistencia, el desenlace parecía decidido desde el comienzo. Era una batalla que difícilmente podían ganar.

Aunque, a decir verdad, su capacidad para mantenerse en pie durante tanto tiempo solo admite una explicación razonable: los dioses del Caos tienen sus propios designios, y a veces parecen disfrutar prolongando lo inevitable.

"Me bajo de la vida"



Turno 3

¡Este fue el turno decisivo! Bueno, no exactamente: el desenlace ya había quedado prácticamente sentenciado en el turno anterior, pero siempre queda la esperanza de encontrar algo productivo que hacer cuando uno se niega a aceptar que la batalla está perdida.

El combate continuó desarrollándose en medio de un auténtico torbellino de movimientos, disparos y enfrentamientos simultáneos. Las unidades de ambos bandos se entremezclaban por toda la mesa, los frentes se desdibujaban y la situación cambiaba de un punto a otro con tal rapidez que resultaba difícil seguir el desarrollo de la batalla desde una perspectiva terrestre.

Para comprender realmente lo ocurrido durante este turno, lo mejor es recurrir a una vista aérea del campo de batalla. Solo así puede apreciarse con claridad la disposición de las fuerzas, la evolución de los distintos frentes y la magnitud del caos en el que se había convertido el enfrentamiento.


Este turno se saldó con la destrucción de numerosas unidades, principalmente entre las filas traidoras. La presión ejercida por las fuerzas leales terminó por abrir brechas en varios sectores del frente, debilitando una línea defensiva que, a esas alturas, ya no podía sostenerse de manera efectiva. Los traidores intentaron contener el avance enemigo, pero la extensión de las rupturas y la pérdida de efectivos hicieron imposible cerrar los espacios abiertos.

Las fuerzas leales supieron aprovechar la oportunidad. Con el frente enemigo cada vez más fragmentado, comenzaron a abrirse paso a través de las brechas para abandonar los complejos subterráneos. Lo que había comenzado como un combate por el control del terreno se transformó en una lucha por asegurar la retirada. Los traidores aún conservaban unidades capaces de combatir, pero habían perdido la capacidad de bloquear todos los accesos.

La oportunidad de escapar estaba finalmente al alcance de los leales, y estos no estaban dispuestos a desperdiciarla.






Sí, sabemos lo que todos estáis pensando: demasiados Caballeros y Custodios para tan pocos mirmidones, con Johnny el Calavera y el Colectivo de los Sin Techo del Imperio intentando mantener el tipo frente a semejante despliegue de fuerzas.

Seamos sinceros: el reparto de efectivos no invitaba precisamente al optimismo traidor. La superioridad de los leales terminó imponiéndose sobre el terreno, mientras las fuerzas de Cráneo pasaban de intentar contener el avance enemigo a buscar desesperadamente la manera de evitar el desastre.

Pero, oye, alguien tenía que poner las bajas, los escombros y las anécdotas para el informe de batalla. Y en esta ocasión, parece que el Caos hizo horas extra.


"Pero en nuestra mente todo era espectacularmente épico"

Por desgracia, cuando llegó el turno de los traidores en la tercera ronda, quedaba ya poco margen para cambiar el curso de la batalla. Las brechas abiertas en sus líneas, la pérdida de numerosas unidades y la superioridad de las fuerzas leales habían reducido considerablemente sus opciones. Cualquier intento de reorganizar la defensa llegaba demasiado tarde, y detener la retirada enemiga se había convertido en una tarea prácticamente imposible.

A esas alturas, el desenlace estaba prácticamente decidido. Los traidores aún podían combatir, pero ya no imponer el ritmo de la batalla. Lo que quedaba era intentar causar el mayor daño posible antes de que los últimos leales consiguieran escapar de los complejos subterráneos. 


Nos quedamos con la grandilocuente frase del archimagos de los escuadrones mirmidones que lograron replegarse tras la huida leal.

"Fuimos un susurro en la historia"

Sin embargo, la partida dejó tras de sí escenas memorables que merecen ser recordadas, incluso cuando el resultado final parecía decidido de antemano. Entre ellas destacó la resistencia estoica de los Brutos Infernales y los mirmidones, que plantaron cara a los Caballeros y a las unidades más resistentes de los Adeptus Custodes, prolongando una lucha desigual que parecía desafiar toda lógica.

También quedó para el recuerdo la imponente puesta en escena de la escuadra Opera Magna, de los Hijos del Emperador, cuya presencia aportó un innegable dramatismo al enfrentamiento. A ello se sumó la atronadora carga de las fuerzas voladoras de los Custodios, que descendieron sobre el campo de batalla con sus lanzas alzadas, como instrumentos de una implacable venganza imperial.

Pero quizá una de las imágenes más amargas fue la de los desarrapados milicianos imperiales, aquellos hombres y mujeres a quienes habían convencido de que la Legio Publicana podía ofrecerles un futuro mejor. Muchos habían marchado a la guerra seducidos por la promesa de un jornal más digno, por la esperanza de poner fin a una burocracia asfixiante y por el sueño de unas condiciones de vida que les permitieran recuperar algo de la dignidad perdida. Cráneo y sus seguidores habían sabido transformar ese descontento en una causa, ofreciéndoles la ilusión de que su sacrificio serviría para construir algo distinto.

Y, sin embargo, aquel sueño se extinguió con la misma rapidez con la que había prendido. Las aspiraciones de la milicia quedaron sepultadas bajo toneladas de metal, polvo y escombros, en las profundidades de Marte, lejos de cualquier reforma, de cualquier recompensa y de cualquier reconocimiento. Allí, entre las ruinas de una rebelión que prometía cambiar sus vidas, terminó por desaparecer la esperanza de quienes solo habían querido vivir un poco mejor.

Porque, entre Caballeros caídos, máquinas destrozadas y guerreros legendarios, la batalla también dejó una verdad mucho más humilde: el sueño de recibir un mejor jornal y acabar con tanta burocracia para condiciones dignas que la Legio Publicana había iniciado y que tan fugazmente desapareció en las entrañas de Marte...




Esperamos que os haya gustado tanto esta tragedia marciana como a nosotros realizarla.

"Con lo bien que estaba yo como funcionario imperial en mi oficina anodina. Quién me mandaría a mí buscar la gloria en el Sistema Solar..."

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