
El humo salía a borbotones de las chimeneas de los laterales del Rhino plagado de sellos y runas demoníacas. En su interior los guerreros fieles al cruel Dios de la Sangre, Khorne, aguardaban en silencio. Un silencio denso y cargado de tensión, previo a la batalla. El paladín habló mientras se ajustaba las cadenas demoníacas que su señor le había otorgado.
"Sí... la bendición Khorne ha recaido sobre mí. ¡Los mataré a todos!" vociferó mientras el resto de sus dementes compañeros agarraba sus hachas sierra y las hacían rugir con aprobación. "¡Cráneos para el trono de cráneos!"
"¡Cráneos para el trono de cráneos!" respondieron. El rhino dio un respingo al superar unas rocas y el comunicador interno resonó con la voz de su señor demoníaco. El enemigo, estaba al fin a alcance.




